Hola a todos!!
Ya llevo más de 1 mes en Senegal. Quería publicar justo cuando hiciera el mes de mi llegada, pero justo fue mi cumpleaños y el día pasó volando. Los días consecutivos han pasado volando y de golpe estamos ya a finales de febrero!! Como corre el tiempo, ¡qué miedo…!
Nada, la verdad es que tengo muchas cosas por contar, para variar, me encanta explicaros mis cositas por aquí, así parece que hago terapia colectiva y lo comparto todo! :P
Pues nada, para empezar, en el último post os comentaba la vida que tenía viviendo con la familia de aquí, pues ahora os voy a contar una novedad: ¡vivo sola! Sí, sola sola. Voy a poneros un poco en contexto… La segunda semana de estar aquí en Palmarin vi una oferta de voluntariado en Mozambique, esta vez para formar a fisioterapeutas locales en fisioterapia pediátrica. Pensé que podía ser una muy buena oportunidad para mi, ya que todo encajaba a la perfección con mis planes. Me puse en contacto con la persona que lo gestionaba todo y al final todo les pareció bien, así que… tengo nuevo proyecto en Mozambique para después de Senegal. A parte de compartir esto con vosotros porque me hace especial ilusión, os lo digo también para poneros en más contexto… el echo de ir a Mozambique implica también un trabajo detrás muy importante y es el de preparar todo el temario que voy a dar allí (que para mi no es poco). En la casa donde estaba con la familia la verdad es que lo último que encontraba era tranquilidad… vivía con 4 niños pequeños (muy majos), pero el ruido era inevitable, además mi habitación daba a una plaza donde los niños jugaban, y por mucho que me pusiera los cascos con música, lo oía todo y no me podía concentrar, a parte que tampoco tenía un espacio donde poder estar “a gusto”, solo tenía la cama. No me gustaría con esto parecer la súper fina, pero a veces se necesitan unos mínimos… a parte de esto, la madre de familia sufría si yo salía sola y si llegaba cuando estaba oscureciendo, no quería que hiciera nada sola, siempre hacía acompañarme alguno de sus hijos… Puede que sea la cultura de aquí, pero me agobiaba un poco todo esto, la verdad, y más después de ver y que me dijeran que no es peligroso, que no pasa nada por ir sola. Total, que hablé con la chica de la fundación, super maja, y me dejaron alojarme en su casa. En la casa, solo el momento de entrar, ya respiré un aire de calma impresionante… toda la tranquilidad que no había tenido en 3 semanas, la estaba visualizando en pocos minutos de estar dentro. El primer día me puse a hacer los apuntes y me estuve más de 3 horas sin parar, cosa que no había podido conseguir en todo el tiempo allí. ¡La sensación fue brutal!
Desde entonces la verdad es que mi situación mental (por así llamarlo) ha cambiado y mucho, estoy mucho más tranquila, relajada y estoy disfrutando mucho más de la experiencia. Hago todo lo que me apetece y cuando me apetece, y no tengo que dar explicaciones constantemente. Con esto no quiero decir que sea mala mujer, porque es un encanto de mujer, que me cuida mucho y siempre se preocupa mucho, pero para los toubabs (así es como nos llaman aquí a los blancos) es demasiado, no estamos habituados a tanto control (o al menos yo en mi casa).
Además de todo esto, conocí a una pareja de catalanes que tienen un proyecto muy interesante aquí (Bicicletas sin fronteras), que me ayudaron y mucho desde un principio, soporte moral y me hicieron un poco de guías para conocer un poco la mentalidad y costumbres de la gente de aquí, además de darme la oportunidad de poder hablar con alguien que no fuera de aquí y en tu propia lengua, que a veces se hace muy necesario para poder desahogarte. Además, ellos me contaron que vendrían 3 chicos de Girona durante 15 días para ayudarlos en el proyecto y que si quería podría apuntarme a los plannings con ellos. Desde el primer día que ya me apunté a todo con ellos, son 3 chicos geniales, encantadores: Ángel, Fran y Claudio (catalán, riojano y chileno), bellísimas personas y con quien compartí muchísimos momentos, risas (sobretodo muchas risas), cumpleaños, bicis, “crispetes” en la playa… ah, y cervezas, muchas también! :P Momentos compartidos que me llevaré siempre conmigo, ¡gracias chicos! La verdad es que ellos me ayudaron aún más a abrir la mente, y desde que se fueron he intentado no parar mucho, seguir el ritmo que llevábamos de actividad para descubrirlo todo.
Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta mucho estarme quieta, que soy muy social y que me gusta compartir momentos con gente, conocer gente nueva e abrir la mente, porque así es como se conoce un país, conociendo bien a su gente para entender el día a día de aquí.
Desde que estoy aquí he ido a un bautizo, boda, lucha senegalesa, he ido en bici unos 24 km (cuando no soy de mucha bici), he ido en piroga -así le llaman aquí a las barcas pequeñas a motor- (regalo de cumpleaños cortesía de los chicos mecánicos), hemos montado en carreta… experiencias que quizá parecen una tontería, pero te hacen conocer más cositas.
A nivel organizativo… en la escuela todo marcha super bien, vamos avanzando bastante, sobretodo con el pequeño CC, que es mi súper paciente, con el que estoy cada día unas 2 horas y que va cambiando bastante. Se va “despertando”, van apareciendo cositas que antes apenas hacía ni se planteaba que hiciera y su madre está super agradecida, así que no hay cosa que me haga más feliz, porque al final la madre es la que está todo el día con él y es la que más puede valorar sus posibles mejoras. Con el resto de peques, vamos trabajando y poco a poco van surgiendo más sus capacidades, puedo comunicarme mejor con ellos y van aplicando lo que vamos trabajando.
Venga, os voy a contar una anécdota muy divertida que me pasó la primera semana de vivir sola: fui a una tienda a comprar pan y huevos. Resulta que el chico de la tienda no hablaba francés, solo Wolof (una de las lenguas de aquí) y árabe, nada más. En la tienda había más gente, les pregunté y nadie hablaba francés, salí fuera y nadie… Para pedir pan no hubo problema porque veía donde estaba y solo tuve que señalarle lo que quería, pero los huevos no estaban por allí y yo los necesitaba, le dije en todas las lenguas que sabía la palabra “huevos”, pero no me entendía, así que pensé que lo mejor era hacer la gallina para ver si así me entendía, total, que allí estaba yo, en medio de la tienda (con más gente), haciendo la gallina y sacando de mi trasero como si fueran huevos, “el teatro de Laura”, pero por lo visto no debo ser muy buena actriz, solo cómica, porque el chico -y toda la tienda- a parte de reír, ¡no entendía nada! Qué momento de risa y tensión a la vez, porque necesitaba los huevos… por suerte, después del espectáculo apareció una mujer que hablaba francés, le dije lo que quería y se lo dijo al chico. Le pregunté a la mujer la palabra en wolof y me dijo que era “nen”, así que a partir de ese momento sería una palabra que ¡no iba a olvidar jamás! Ya os he dejado una buena historia para que os riáis un poco (yo todavía me río).
Después del momento álgido de risa, no os voy a contar mucho más porque nada será mejor que ese momento… así que nada, por hoy aquí lo dejo y a ver si tardo menos en publicar, porque total, solo me ha llevado un ratito poneros al día (a petición de ya hace días de la gente, y hoy más de Moni), así que para que veáis que os hago caso, aquí os dejo el post!
¡¡¡Un abrazo súper súper fuerte para todos!!! Espero que os guste este post.
“¡Boo feet!” -hasta mañana- o “legui legui” -hasta luego-