domingo, 28 de abril de 2019

Moçambique

Hola a todos,

como siempre, empiezo pidiendo disculpas por no haber publicado antes, pues desde el 27 de febrero que no digo nada por aquí… La verdad es que no es porque no estuvieran bien las cosas ni nada parecido, simplemente pensaba “mañana escribes” y así han ido pasando los días. Lo siento… aunque los que me seguís en las otras redes sociales ya vais viendo que sigo vivita y coleando :P  

Pues bien, desde el 27 de febrero ha llovido y mucho. Muchas vivencias ocurridas, mucha gente por el camino y nuevas experiencias para mi mochila. Os haré un poco de resumen para no hacerme muy pesada.

En Senegal me quedé explicando que estaba viviendo sola, la cual cosa me dio mucha más calma y estabilidad. En la escuela la verdad es que cada día que pasaba era mejor, ya que estaba mucho más habituada a todo, los niños te tienen mucha confianza y eso te permite trabajar más y mejor con ellos, sobretodo con los más afectados, porque ya encontramos la manera de comunicarnos entre nosotros y entendernos en cada momento. La verdad es que esto a muchos quizá os parezca una tontería, pero poderse comunicar con un niño que está muy afectado, que no habla, que a penas mueve la cabeza, es para mi un logro muy importante. Y es que a base de tratarlo día a día, creas unos vínculos y estrategias que te permiten comprender lo que está sintiendo o queriéndote decir el niño en cada momento (salvando distancias). Ésta es la parte con la que más me quedo, en la comunicación y la respuesta positiva de él. Cuando digo “respuesta positiva” quiero decir que muchas veces cuando vemos niños muy afectados pensamos que ni siquiera están “conectados” al mundo, pero siempre siempre hay que darles una oportunidad, pues nos pueden sorprender y mucho cuando, después de darles estimulaciones, responden favorablemente a lo que les estás pidiendo. Pues como siempre digo, hay que darles la oportunidad de que puedan interactuar y hacer, ya que nunca podemos estar 100% seguros del potencial físico y sobretodo psicológico de cada niño.
Después de este rollo que no sé si he expresado lo suficientemente bien como para que se entienda, voy a continuar…

Entonces… en la escuela mi nivel de satisfacción personal fue muy elevado, pues poder compartir con estos niños me ha enseñado mucho, he aprendido mucho de ellos y creo que ellos también se han beneficiado del trabajo que hemos hecho conjuntamente. Así que estoy muy contenta por el trabajo realizado allí.

En Palmarin me acabé sintiendo como en casa. Me dio mucha penita irme, ya que estaba muy a gusto. Ya sabía donde ir a comprar cada cosa, la gente del pueblo me conocían, me saludaban por la calle, tenía amigos allí con quien compartir las horas, unas playas preciosas infinitas y con muy poca gente, unas puestas de sol increíbles, unas palmeras que daban unos cocos geniales… en fin, que el lugar me enamoró. Creo que no será la última vez que esté allí, demasiados buenos recuerdos como para dejarlos en el tintero…



Después de Senegal, tomé el avión rumbo a Mozambique, que es donde me encuentro ahora. Mozambique, muchos pensaréis “¿dónde está eso?, me suena, pero no sabría dónde situarlo”, ¿verdad?. Es normal, yo hice el mismo ejercicio, me sonaba que estaba bastante al sur, poro no sabia exactamente dónde colocarlo. Pues bien, Mozambique está justo por encima de Sudáfrica (¡este sí que lo situáis, eh!) en la parte de la costa este (a la derecha), justo en frente de Madagascar. Es un país que desde antes de aterrizar ya me sorprendió. Desde el avión pude ver una inmensidad de verde, hay muchísima vegetación, incluso en la ciudad de Maputo (capital) se ven muchos espacios verdes.

Aquí en Mozambique estoy en la misma capital, Maputo, pero en un barrio un poco apartado y un tanto marginal, una zona bastante pobre que se llama Mahotas. Aquí vine para hacer de profesora de una formación específica de fisioterapia pediátrica a fisioterapeutas de la zona de Maputo y alrededores. En total fueron 20 alumnos y había tanto técnicos de fisioterapia con muchas años de experiencia laboral como estudiantes de último año de la licenciatura de fisioterapia. La verdad es que la experiencia ha sido muy positiva (valorándola ya una vez terminado el curso), porque el feedback de los alumnos ha sido muy bueno, les ha gustado el contenido del curso y han podido aprender nuevos abordajes terapéuticos para tratar a los niños, y sobretodo les ha quedado claro lo que no deben hacer (ya que aquí se seguía haciendo la fisioterapia de hace más de 20 años en España), y como todo va evolucionando, se ha ido viendo que eso que se hacía antes no era efectivo y que hay otras maneras de tratar que son más beneficiosas para el niño y sin que sufra como lo hacía antes (ya que antes eran como salas de tortura). Perdonad, hoy estoy especialmente sincera…
Siguiendo con la sinceridad que voy comentando, os contaré que lo de ser profesora, me costó más de lo que pensaba, sobretodo los meses, días previos y durante el curso: 
  • Primero mientras estaba haciendo los apuntes, porque no sabia el nivel con el que me encontraría y no tenía claro si estarían muy por encima o muy por debajo de lo que estaba preparando.
  • Más adelante, una vez ya en Mozambique tenía los nervios por empezar y conocer el grupo y ver si se correspondía a la idea que me había hecho.
  • En el momento de dar las clases, por mis miedos de “dar la talla”, que, como ya sabéis los que me conocéis, siempre están ahí presentes. 
Bueno, todo este rollo, para deciros que estuve casi todos los días de curso bastante nerviosa, sobretodo antes de empezar la clase, pero una vez arrancaba, ya estaba cómoda.
Como valoración final y junto con el feedback positivo de los alumnos, puedo decir que me ha gustado esta experiencia como profesora, y más cuando ves que lo que has ido explicando, lo aplican (lo he visto con los fisioterapeutas del centro). 
Además del curso de formación, hemos estado trabajando en la sala de rehabilitación del centro de día de niños. Vienen niños con afectaciones diversas, pero como siempre, mayormente parálisis cerebral. Además hemos intentado concienciar bien a las trabajadoras sobre cómo sentar correctamente a los niños en las sillas de ruedas, como posicionarlos para que estén mejor… Este proyecto, era un proyecto personal de Xavi Labraca, fisioterapeuta catalán que estuvo aquí el año pasado y vio la necesidad de una buena formación a nivel de fisioterapia pediátrica, ya que, como ya os he comentado, la fisioterapia que se estaba haciendo aquí, era una tortura para los niños. Ante esta necesidad, decidió que el siguiente año (2019) llevaría una persona para formar a los fisioterapeutas y de esa manera evitar que se siguieran haciendo ese tipo de tratamientos. Y así es como yo llegué aquí. He empezado la historia, como podéis ver, del revés, pero bueno, al final lo importante es que toda la información quede plasmada aquí. 

Nada más, hasta aquí mi post de Senegal - Mozambique. En breve prometo escribir otro contando más cosas sobre Mozambique.


Un abrazo muy fuerte para todos.




miércoles, 27 de febrero de 2019

La vida en Senegal


Hola a todos!! 
Ya llevo más de 1 mes en Senegal. Quería publicar justo cuando hiciera el mes de mi llegada, pero justo fue mi cumpleaños y el día pasó volando. Los días consecutivos han pasado volando y de golpe estamos ya a finales de febrero!! Como corre el tiempo, ¡qué miedo…!

Nada, la verdad es que tengo muchas cosas por contar, para variar, me encanta explicaros mis cositas por aquí, así parece que hago terapia colectiva y lo comparto todo! :P
Pues nada, para empezar, en el último post os comentaba la vida que tenía viviendo con la familia de aquí, pues ahora os voy a contar una novedad: ¡vivo sola! Sí, sola sola. Voy a poneros un poco en contexto… La segunda semana de estar aquí en Palmarin vi una oferta de voluntariado en Mozambique, esta vez para formar a fisioterapeutas locales en fisioterapia pediátrica. Pensé que podía ser una muy buena oportunidad para mi, ya que todo encajaba a la perfección con mis planes. Me puse en contacto con la persona que lo gestionaba todo y al final todo les pareció bien, así que… tengo nuevo proyecto en Mozambique para después de Senegal. A parte de compartir esto con vosotros porque me hace especial ilusión, os lo digo también para poneros en más contexto… el echo de ir a Mozambique implica también un trabajo detrás muy importante y es el de preparar todo el temario que voy a dar allí (que para mi no es poco). En la casa donde estaba con la familia la verdad es que lo último que encontraba era tranquilidad… vivía con 4 niños pequeños (muy majos), pero el ruido era inevitable, además mi habitación daba a una plaza donde los niños jugaban, y por mucho que me pusiera los cascos con música, lo oía todo y no me podía concentrar, a parte que tampoco tenía un espacio donde poder estar “a gusto”, solo tenía la cama. No me gustaría con esto parecer la súper fina, pero a veces se necesitan unos mínimos… a parte de esto, la madre de familia sufría si yo salía sola y si llegaba cuando estaba oscureciendo, no quería que hiciera nada sola, siempre hacía acompañarme alguno de sus hijos… Puede que sea la cultura de aquí, pero me agobiaba un poco todo esto, la verdad, y más después de ver y que me dijeran que no es peligroso, que no pasa nada por ir sola. Total, que hablé con la chica de la fundación, super maja, y me dejaron alojarme en su casa. En la casa, solo el momento de entrar, ya respiré un aire de calma impresionante… toda la tranquilidad que no había tenido en 3 semanas, la estaba visualizando en pocos minutos de estar dentro. El primer día me puse a hacer los apuntes y me estuve más de 3 horas sin parar, cosa que no había podido conseguir en todo el tiempo allí. ¡La sensación fue brutal!

Desde entonces la verdad es que mi situación mental (por así llamarlo) ha cambiado y mucho, estoy mucho más tranquila, relajada y estoy disfrutando mucho más de la experiencia. Hago todo lo que me apetece y cuando me apetece, y no tengo que dar explicaciones constantemente. Con esto no quiero decir que sea mala mujer, porque es un encanto de mujer, que me cuida mucho y siempre se preocupa mucho, pero para los toubabs (así es como nos llaman aquí a los blancos) es demasiado, no estamos habituados a tanto control (o al menos yo en mi casa). 

Además de todo esto, conocí a una pareja de catalanes que tienen un proyecto muy interesante aquí (Bicicletas sin fronteras), que me ayudaron y mucho desde un principio, soporte moral y me hicieron un poco de guías para conocer un poco la mentalidad y costumbres de la gente de aquí, además de darme la oportunidad de poder hablar con alguien que no fuera de aquí y en tu propia lengua, que a veces se hace muy necesario para poder desahogarte. Además, ellos me contaron que vendrían 3 chicos de Girona durante 15 días para ayudarlos en el proyecto y que si quería podría apuntarme a los plannings con ellos. Desde el primer día que ya me apunté a todo con ellos, son 3 chicos geniales, encantadores: Ángel, Fran y Claudio (catalán, riojano y chileno), bellísimas personas y con quien compartí muchísimos momentos, risas (sobretodo muchas risas), cumpleaños, bicis, “crispetes” en la playa… ah, y cervezas, muchas también!   :P   Momentos compartidos que me llevaré siempre conmigo, ¡gracias chicos! La verdad es que ellos me ayudaron aún más a abrir la mente, y desde que se fueron he intentado no parar mucho, seguir el ritmo que llevábamos de actividad para descubrirlo todo. 

Los que me conocéis ya sabéis que no me gusta mucho estarme quieta, que soy muy social y que me gusta compartir momentos con gente, conocer gente nueva e abrir la mente, porque así es como se conoce un país, conociendo bien a su gente para entender el día a día de aquí.

Desde que estoy aquí he ido a un bautizo, boda, lucha senegalesa, he ido en bici unos 24 km (cuando no soy de mucha bici), he ido en piroga -así le llaman aquí a las barcas pequeñas a motor- (regalo de cumpleaños cortesía de los chicos mecánicos), hemos montado en carreta… experiencias que quizá parecen una tontería, pero te hacen conocer más cositas.

A nivel organizativo… en la escuela todo marcha super bien, vamos avanzando bastante, sobretodo con el pequeño CC, que es mi súper paciente, con el que estoy cada día unas 2 horas y que va cambiando bastante. Se va “despertando”, van apareciendo cositas que antes apenas hacía ni se planteaba que hiciera y su madre está super agradecida, así que no hay cosa que me haga más feliz, porque al final la madre es la que está todo el día con él y es la que más puede valorar sus posibles mejoras. Con el resto de peques, vamos trabajando y poco a poco van surgiendo más sus capacidades, puedo comunicarme mejor con ellos y van aplicando lo que vamos trabajando. 

Venga, os voy a contar una anécdota muy divertida que me pasó la primera semana de vivir sola: fui a una tienda a comprar pan y huevos. Resulta que el chico de la tienda no hablaba francés, solo Wolof (una de las lenguas de aquí) y árabe, nada más. En la tienda había más gente, les pregunté y nadie hablaba francés, salí fuera y nadie… Para pedir pan no hubo problema porque veía donde estaba y solo tuve que señalarle lo que quería, pero los huevos no estaban por allí y yo los necesitaba, le dije en todas las lenguas que sabía la palabra “huevos”, pero no me entendía, así que pensé que lo mejor era hacer la gallina para ver si así me entendía, total, que allí estaba yo, en medio de la tienda (con más gente), haciendo la gallina y sacando de mi trasero como si fueran huevos, “el teatro de Laura”, pero por lo visto no debo ser muy buena actriz, solo cómica, porque el chico -y toda la tienda- a parte de reír, ¡no entendía nada! Qué momento de risa y tensión a la vez, porque necesitaba los huevos… por suerte, después del espectáculo apareció una mujer que hablaba francés, le dije lo que quería y se lo dijo al chico. Le pregunté a la mujer la palabra en wolof y me dijo que era “nen”, así que a partir de ese momento sería una palabra que ¡no iba a olvidar jamás! Ya os he dejado una buena historia para que os riáis un poco (yo todavía me río). 

Después del momento álgido de risa, no os voy a contar mucho más porque nada será mejor que ese momento… así que nada, por hoy aquí lo dejo y a ver si tardo menos en publicar, porque total, solo me ha llevado un ratito poneros al día (a petición de ya hace días de la gente, y hoy más de Moni), así que para que veáis que os hago caso, aquí os dejo el post!

¡¡¡Un abrazo súper súper fuerte para todos!!! Espero que os guste este post.

“¡Boo feet!” -hasta mañana- o “legui legui” -hasta luego-

viernes, 18 de enero de 2019

I… ¡SENEGAL LLEGÓ!


¡Hola a todos! Primero de todo, disculpad el retraso al actualizar el blog. No sé si todos lo sabréis, pero a día de hoy creo que si. Pues bien, os cuento un poco a todos los que no sepáis del todo de qué estoy hablando… Antes del 3 de diciembre tenía que salir de Etiopía porque se me acababa el visado. A partir de ahí tenía que decidir qué hacer, si seguir hacia Senegal directamente o bien si hacer una parada para Navidad por casa, y claro, esto último tiraba mucho, puesto que pasar las Navidades fuera de casa, era duro y más sin conocer a nadie en el país, así que aprovechando que mi tía vino de visita a Etiopía, pues decidí comprar el billete de vuelta con ella y así volver acompañadas. Eso si, le dije que teníamos que mantenerlo en secreto con la familia (lo cuál no fue fácil…) para que fuera sorpresa. A los amigos solo se los dije a algunos porque ya no aguantaba más (esas cosas que pasan…). Pues nada, que me presenté el mes de diciembre en casa y pasé todo el mes junto a mi familia y amigos, así que este mes ha sido muy provechoso. He aprovechado también para hacer un buen chequeo médico y asegurarme que todo estaba bien para empezar bien en Senegal.

El día 9 salí de Barcelona (ahora sí por tiempo) y mi avión hacía escala en Casablanca, una escala larga que me hacía dormir allí, así que aproveché para hacer turismo por allí y conocer un poco la ciudad, y tuve la suerte de tener allí una amiga de una amiga que me acogió en su casa super bien y me hizo de guía turística enseñándome toda la ciudad, e incluso fui con ellos a un espectáculo de danza genial, ¡muchas gracias por todo Ester!. Al día siguiente ya me fui para el aeropuerto para embarcar rumbo Dakar, ahora sí. El avión salió con un poco de retraso, pero finalmente llegamos a la capital de Senegal. Allí me esperaba el taxista, Nicolás, que ya se había puesto en contacto conmigo antes para asegurarse que todo estaba bien. 
Solo bajar del avión la primera sensación fue: ¡Calor, que bien!, porque venía del invierno de casa, así que fue agradable. El siguiente paso fueron las maletas, no tenía nada claro que llegaran, ya que con una escala tan larga me daba mucho miedo que se perdieran, pues la verdad es que para mi sorpresa, llegaron genial. Desde el avión vi que las estaban cargando en el carro y automáticamente se me dibujó una sonrisa y un suspiro de tranquilidad en verlas… 

Después de esto, cola para el visado, sello y a por la maleta, que Nicolás me estaba esperando hacía rato. Salí con las maletas cargadas en un carro y… muchísima gente con carteles, a volverse loca a buscar el tuyo: “Laura pour Palmarin”, allí estaba Nicolás, un hombre muy alto y amable. Al llegar al coche fue muy divertido… un coche realmente antiguo con los asientos traseros forrados con plástico, el suelo con cartones y el maletero donde iban las maletas… ¡ni os lo cuento! Pero obviamente todo esto es secundario, lo importante es que el coche te lleve, ¿no? pues a la hora de arrancar, ¡el coche no arrancaba! Lo probó varias veces, pero no había manera… después salió del coche, echó agua por el motor, así a lo loco, volvió a intentarlo y el coche arrancó, ¡sorprendente! Habíamos tenido alguna experiencia similar en Etiopía, pero era para subir una cuesta muy prominente, pero claro, este estaba parado y en plano. En fin, después de esta anécdota, Nicolás me llevó hasta Palmarin, que es el pueblo donde estoy viviendo, a una hora y media mas o menos de la capital. 

Cuando llegamos a Palmarin, Nicolás se paró en un lugar como fuera del pueblo y me dijo que con el coche ya no podía ir mas cerca de la casa porque era tierra de la playa, así que tocaba acarrear con las maletas hasta la casa. Cuando llegamos, ya estaba toda la familia esperándome, me enseñaron mi habitación y cenamos. La primera impresión no estuvo mal, tengo habitación para mi sola y la familia se veía maja. El baño es una letrina en el suelo y en la casa no hay agua corriente, así que no hay ducha; está el espacio donde ducharse, pero te lavas con un cubo de agua, como antiguamente allí, así que aquí estoy, integrándome al 100% en la cultura de aquí. A la hora de las comidas también se come conjuntamente, es decir, con una bandeja grande en medio y todos comemos del mismo lugar, ellos con las manos y yo y algún otro con cuchara. Tampoco se come en una mesa, sino que lo hacemos en el suelo, encima de una alfombra como de rafia. 

La familia son: la madre, Ndey, que es una de las profesoras de la escuela donde estoy, 4 de sus 5 hijos: 3 niñas y 1 niño y el hermano pequeño de Ndey. Ella se quedó viuda y su hermano vino a ayudarla y vive con ellos. La verdad es que la acogida en la familia ha sido muy buena, no tengo ninguna queja, se preocupan mucho por mi y me ayudan en lo que necesito, así que muy bien. Eso si, os lo voy a reconocer, no es fácil, el contraste es muy importante y hay muchos momentos de “bajón”, donde echo mucho de menos todo lo de allí (gente y la vida en general), pero sé y tengo claro que es temporal y que solo hace una semana que estoy aquí, y que en nada me sentiré mucho mejor. Hay días de todo, como todo, así que no so preocupéis, sí, ¡¡os echo de menos!! No considero que sea malo, simplemente lo considero parte de la aventura.

La asociación para la que estoy aquí se llama “J’aime rever” y la lleva una chica gallega llamada Begoña. El proyecto es una escuela de educación especial llamada Jacobo Romero, a la que asisten los niños de poblaciones cercanas con algún tipo discapacidad.   En la escuela la verdad es que desde el primer día tuve una muy buena recibida por parte de los niños, son geniales y se hacen querer rápidamente. Uno de los niños que más necesita fisio vive bastante cerca de la casa donde vivo y cada día lo voy a recoger por la mañana, porque su madre tiene más hijos y no puede llevarlo a la escuela, así que me lo llevo para la escuela para poder hacer fisio y que esté con los demás compañeros y cuando terminamos lo llevo de vuelta a su casa. Los otros niños que tengo para hacer fisio son un poco más “duros de pelar”, una me la tengo que ganar un poco más aún, porque primero no quería ni que la tocara y a finales de semana ya me ha dejado tocarla más, espero con los días ir consiguiendo más. Otra aguantó 10 minutos el primer día y me dijo que ya estaba cansada que no quería hacer más. Hay otro que es muy agradecido y quiere siempre que le haga fisio, pero mientras la está haciendo se distrae enseguida con cualquier cosa, pero bueno, poco a poco, que solo hace una semana que he empezado y nada se consigue con solo este tiempo.

Una de las cosas positivas que tiene también vivir aquí es que tengo la playa aquí al lado y que intento ir casi cada día, en cualquier momento, ya sea para hacer deporte o solamente para ver el mar y relajarme y no pensar mucho en nada. 


Bueno, espero no haberme hecho muy pesada, porque en los primeros posts cuando llego a un sitio nuevo, os pego unos rollos importantes. Espero también haberos podido trasladar un poco aquí y junto a las fotos que voy colgando en instagram (@lauriisanchez) y facebook os vayáis haciendo una idea de cómo es todo esto y de lo que estoy haciendo por aquí.
Prometo no tardar mucho para colgar el siguiente post, que sino os tengo demasiado abandonados y también me va muy bien escribir a mi para plasmar aquí e ir teniendo todo lo que hago por aquí plasmado. 

martes, 2 de octubre de 2018

Olores y sabores etíopes

Hoy, aprovechando que justo hace 1 mes que dejé mi tierra, ¡¡añado un nuevo post!!

La tercera entrada del blog la voy a dedicar, tal y como indica el título de la entrada... a los olores y sabores etíopes. La verdad es que quizá os sorprenda que pueda llegar a escribir un post sobre esto, pero me parece que hay una variedad impresionante, si más no, unos olores muy característicos. 

Antes de nada, me gustaría apuntar que soy especialmente sensible a los olores (no lo digo en plan vacile, simplemente que tengo el olfato bastante desarrollado -mi madre sobretodo puede dar fe-, por bien o por mal, dependiendo de la situación). 
Dicho eso… Empezaré intentando describir los olores, que no es tarea fácil… Pues bien, nada más aterrizar, al bajar del avión, ya se notaba un olor un tanto curioso, ni malo ni bueno, pero distinto, así como de humedad mezclada con combustible del avión (normal en un aeropuerto) y un poco de olor como a especiado. Esta mezcla de olor no fue muy raro, pero distinto al que notas cuando bajas del avión en Barcelona, en Madrid o en algún otro vuelo nacional o europeo. Bien, después de esta “flipada” voy a lo que me interesa más… el olor típico etíope, que en la clínica, al ser un sitio más cerrado y de alta concentración de gente, se huele mucho más. Este olor etíope es, y que no suene en ningún mal sentido, como si fuera a animal de granja cerrado, de olor muy concentrada, pero no de cerdo, de un animal no reconocido por mi antes, quizá porque no es a ningún animal, simplemente es como a granja. Pero no solo así, es ese olor que he llamado como a granja sumado a una especia que usan mucho aquí, que es como un tipo de pimentón que tiñe mucho. Este olor se huele en la mayoría de sitios donde hay más acúmulo de gente y poco ventilados. 

No sé si vosotros os podréis llegar a hacer a la idea de ese tipo de olor si no habéis estado aquí antes, y los que sí, decidme si lo he sabido describir bien (así tengo feedback, que me gusta).

Ahora me voy a centrar en los sabores… La comida típica de aquí, normalmente es servida en una bandeja muy grande redonda con la base de una masa de injera (es, salvando distancias, como una gran crep de más grosor y más mullidita hecha con harina de Teff, un cereal etíope del que creo que ya os he hablado anteriormente). La injera (de sabor con un punto ácido) la suelen acompañar de muchas cosas puestas en diferentes esquinas: lentejas estofadas (picantes y sin picante), queso fresco, carne o pescado (depende del tipo que pidas) a veces pueden hacerlo con alguna salsa picante o simplemente cocinado, verduras salteadas condimentadas y en algunas a veces también ensalada. Eso si, normalmente en todo el bayenat (que es como se le llama al “plato” este completo) acaba teniendo el gusto característico de la especia que os comentaba, este tipo de pimentón picante. Además de este pimentón, a todo lo que cocinan le echan karia, que es un tipo de pimiento verde que pica ¡lo que no está escrito!. Yo hasta hace un año no toleraba el picante, ahora un poco lo acepto y si cae un poco de karia bien, pero si tengo que encontrarme constantemente con ella, mal, porque el resto de comida no te sabe a nada, se te queda la boca dormida y sin sensibilidad. 
La comida que comemos a diario en el campamento no es la típica comida etíope, nos cocinan comida especial, que más que nada está basada en la cocina italiana (hay una fundación que hace formación para las mujeres -hacen cursos de cocina, peluquería y costura-): mucha pasta con diferentes cosas: verduras varias, carne, huevo…. También nos traen una vez por semana una pizza enorme (todo hecho por ellas), lentejas guisadas, ensaladas, una especie de crepes, pollo, pescado, huevos revueltos, tortillas de verduras, patatas fritas… Un poco de variedad, vamos, pero internacional, no etíope, aunque le acabas notando el toque etíope con los condimentos (que ya está bien, porque al menos tiene un toque diferencial).

Por último, os voy a contar cómo he estado esta última semana, y se define con una palabra: ¡enferma! Si, podría ahorrármelo, pero lo he pasado tan mal, que merece la pena que lo cuente. Pues bien, desde hace 2 semanas aproximadamente estoy con un catarro importante, pero nada más allá de mocos y tos. El miércoles me empecé a encontrar muy mal, con dolor de todo generalizado, como con fiebre. Terminé con los pacientes por la mañana y me vine a tumbar, pues empezaba a tener fiebre. Desde entonces fue subiendo la temperatura hasta llegar a los 39,1º. A la noche empezó la diarrea, me llegué a levantar tanta veces de la cama… Pasé el día mal (que por suerte aquí era festivo), con diarrea, fiebre y mucho malestar. Pasé mala noche también, pero sin fiebre ya y al día siguiente empezaron los vómitos. Otro día más mal, si levantar mucha cabeza, pero por la noche ya descansé algo mejor. La mañana siguiente, la del sábado ya era más persona, así que con Ainara y Belén, las compis, nos fuimos a  Zeway, que está a unos 30 minutos de aquí a pasar el fin de semana. Poco a poco y después de unos días de ayuno total, fui reintroduciendo la comida según me apetecía y me fui encontrando mejor, no al 100% de fuerzas, pero ya era otra cosa. El fin de semana fue genial, conocimos a gente super maja y interesante y fuimos también a ver hipopótamos en el lago con una barquita (¡una experiencia única y totalmente recomendable!). Desde el lunes ya estoy trabajando normal y me encuentro mucho mejor; ya como de todo y voy recuperando mis rutinas.

Espero otra vez no haberos dado mucho la tabarra y que os guste esta entrada. Ya voy pensando sobre qué os contaré en el siguiente post… si tenéis alguna petición, no dudéis en comentarlo, yo encantada de intentar explicaros mis vivencias.


¡Un abrazo etíope!

lunes, 17 de septiembre de 2018

Primeras sensaciones en África


Para empezar, me gustaría deciros que si no he publicado antes, es porque no he tenido medios, ya que el wifi del campamento dejó de funcionar el día siguiente que llegamos, así que no he podido actualizar el blog. 

Dicho esto, voy a contaros un poco mis primeras vivencias en el país. Veréis que soy bastante concreta, os cuento bastantes detalles, porque muchos me preguntáis cosas más precisas y intento explicaros un poco todo, pero no me gustaría ser pesada, así que si no os parece bien, me lo decís y para el próximo post lo intento mejorar. 

El domingo 2 de septiembre salimos de Barcelona con Ainara, una médico pediatra con quién compartiremos los 3 meses. Aterrizamos en Addis Abeba el lunes 3 a las 6:30h de la mañana, hicimos el visado, recogimos las maletas (nos llegaron todas) y a continuación nos recogía en el aeropuerto un conductor que nos llevaría directas para Meki. La salida de Addis fue un tanto curiosa, ya que la manera de conducir de aquí es bastante caótica: sin ley ni orden. Al cabo de un rato, el paisaje fue cambiando; pasamos de los edificios y agobio de la gran ciudad a los prados verdes de Teff (cereal etíope). El viaje duró unas 2 horas, pero se hizo bastante más corto de lo que esperaba.

La recibida en el campamento fue muy buena, enseguida vinieron los niños del orfanato a saludarnos. Dentro del recinto había ya mucha gente esperando para ser visitados en el hospital y que nos miraban con gran expectación cómo íbamos cargadas con nuestras maletas. Al ver la casa de los voluntarios, la verdad es que me llevé una sorpresa, pensaba que sería más pequeña de lo que en realidad es. Tenemos un espacio abierto donde está la cocina, una mesa para comer y unos sofás; hay también 1 baño y 3 habitaciones para compartir. Actualmente vivimos 6 personas.
El primer día fue de aclimatación; nos enseñaron todo el recinto, formado por diferentes edificios y que se divide en diferentes zonas: hospital, oficinas, casa de los voluntarios, orfanato y cocina. 

El martes por la mañana preparamos la sala de fisioterapia donde yo realizaría los tratamientos; a mediodía ya estaba todo a punto para empezar por la tarde con pacientes. 

A partir de ahí he ido poco a poco teniendo más pacientes. Una cosa muy curiosa de aquí es el saber cuándo vendrán; tú les dices un día y muchos aparecen el día que quieren o no aparecen, así que cada día es una sorpresa saber quién vendrá.

A nivel profesional estoy aprendiendo mucho de esta experiencia; estoy viendo patologías que en España muy probablemente no vería nunca (quizá porque allí ni existen o porque es “raro” de ver) y además, el hecho de trabajar conjuntamente con las compañeras pediatras hace un trabajo mucho más completo (aportando cada uno opinión desde su campo), aprendes mucho más y te aporta mucha más información (dentro de las posibilidades que tenemos aquí). Unido a esto, los recursos de material son mucho más limitados a lo que podemos tener allí; el abanico es más pequeño, pero nos acabamos adaptando a lo que hay.         Una de las cosas que me gusta y valoro mucho es poder tratar a los pacientes que están ingresados en el hospital, ya que la mayoría son bebés que se les puede dar estimulación desde el principio. La cara de agradecimiento de las madres mientras intentas ayudar a sus bebés, la verdad es que no tiene precio y no se paga ni con el mejor oro del mundo, así que es la mayor satisfacción que se puede esperar y si además el tratamiento funciona, ¡ya es la bomba!.
El horario de trabajo que hacemos en el hospital es de 8 a 17 horas, con 30 minutos de pausa a media mañana y 1 hora para comer. Después de eso solemos hacer algo de deporte o vamos a jugar con los niños del orfanato.

A nivel personal, la verdad es que la primera semana no ha sido “fácil”, en el sentido que son muchos cambios de golpe, que me he ido por 1 año, que he dejado atrás (solo por un tiempo y de manera física) familia y amigos y que no sé qué me deparará en todo este tiempo. Un consejo que me han dado en estos momentos es plantearme este año en tramos de 3 meses, que de momento es el tiempo por el que empiezo estando aquí en Etiopía. De esta manera parece que el tiempo se acorta y no se ve un abismo muy importante de por medio, así que se hace más llevadero. Después de todo este rollo, también os digo que poco a poco vas cogiendo más confianza y la melancolía se va quedando atrás; obviamente tengo muy presente todo lo que tengo allí, pero me lo miro con alegría, no con tristeza. 
Otra de las cosas que también ayuda a romper un poco con todo son los fines de semana. En los dos que llevo aquí, hemos hecho dos planes distintos y muy muy bonitos. El primer fin de semana visitamos el Parque Nacional de Awash, que tenía unos paisajes con muchos contrastes: desde el gran valle del Rift por donde cruzaba el río Awash con los alrededores muy verdes, hasta la zona más de sabana, seco y árido, eso sí, con una gran cantidad de animales: vimos gacelas, orix, cocodrilos, hienas, dromedarios y gran cantidad de pájaros super curiosos y bonitos.

El segundo fin de semana hemos estado en la zona de Abiata- Shala. Fuimos a Lephis y Gambo, donde hicimos un trekking hasta la gran cascada de Lephis, impresionante por sus dimensiones y  por la cantidad de agua que bajaba por ella (estamos en época de lluvias); desde cierta distancia ya hacía un viento exagerado generado por la propia fuerza de la caída del agua. También visitamos la zona del parque Nacional; una zona de lagos impresionantes: por sus dimensiones exageradas y por la cantidad de flamencos que hay (en el lago Abiatta). Además, dentro del parque hemos estado por zonas más secas donde hemos visto gacelas, jabalís africanos (distintos de los nuestros), avestruces y gran cantidad de pájaros distintos, entre ellos el gran bucorvo abissino (Bucorvus abyssinicus) muy grande y típico etíope, y como ya he dicho, infinidad de flamencos.

La verdad es que de momento valoro esta experiencia tan completa muy positivamente y creo que con el paso de los días y semanas, lo será todavía muchos más. 

PD: Perdonad si os ha cansado mi redacción, me ha costado mucho concentrarme para poder escribir y me da la sensación que se hace un tanto pesado. Lo siento... 


Valle del Rift

Cocodrilos en la cascada de Awash

Gomfo, una de las comidas típicas etíopes

Cascada de Gambo

Cascada de Gambo
Cascada de Awash

Pastores etíopes de la zona de Lephis

jueves, 2 de agosto de 2018

Presentación y... ¡cuenta atrás!

¡Hola a todos!
Antes de nada empezaré por presentarme un poco para que los que no me conocéis os situéis sobre quién soy, lo que hago y lo que quiero o me gustaría hacer.

Me llamo Laura Sánchez, tengo 30 años y soy fisioterapeuta desde hace más de 7 años. Estoy especializada en neurorehabilitación de adultos y niños y desde hace casi 5 años trabajo en una fundación privada (Fundación Step by Step) donde realizamos tratamientos de fisioterapia neurológica de diferentes patologías (sobretodo lesionados medulares) con adultos y niños. 

Una de mis pasiones son los niños, es por ese motivo que decidí especializarme en neuropediatría, para poder ayudarlos estén donde estén y en la situación que estén. Otra de mis pasiones es viajar y conocer nuevas culturas. Así, si juntamos estas dos grandes pasiones, os haréis un poco mejor a la idea de mi motivación para irme a África de fisioterapeuta voluntaria con niños. La verdad es que no es una cosa que naciera de hoy para mañana, era una gusanillo que tenía dentro desde hacía ya tiempo, era una de esas cosas que tienes pendientes de hacer y que nunca terminas haciendo, pero las ganas y las circunstancias me han podido y me decidí a encaminarme en esta gran etapa... ¡Y que ganas tengo!

Justo hoy falta 1 mes para que me vaya de mi tierra, de mi gente para embarcarme en esta gran experiencia personal que estoy segura me aportará una gran riqueza interior. Así que como os decía, aprovechando que falta justo 1 mes para mi partida, hago mi primera entrada en el blog, donde iré escribiendo y colgando fotos para que podáis ir viendo un poco lo que voy haciendo.

Espero no haberme hecho muy pesada, pero esto me apetece mucho y supongo que ¡me cuesta resumirlo!