martes, 2 de octubre de 2018

Olores y sabores etíopes

Hoy, aprovechando que justo hace 1 mes que dejé mi tierra, ¡¡añado un nuevo post!!

La tercera entrada del blog la voy a dedicar, tal y como indica el título de la entrada... a los olores y sabores etíopes. La verdad es que quizá os sorprenda que pueda llegar a escribir un post sobre esto, pero me parece que hay una variedad impresionante, si más no, unos olores muy característicos. 

Antes de nada, me gustaría apuntar que soy especialmente sensible a los olores (no lo digo en plan vacile, simplemente que tengo el olfato bastante desarrollado -mi madre sobretodo puede dar fe-, por bien o por mal, dependiendo de la situación). 
Dicho eso… Empezaré intentando describir los olores, que no es tarea fácil… Pues bien, nada más aterrizar, al bajar del avión, ya se notaba un olor un tanto curioso, ni malo ni bueno, pero distinto, así como de humedad mezclada con combustible del avión (normal en un aeropuerto) y un poco de olor como a especiado. Esta mezcla de olor no fue muy raro, pero distinto al que notas cuando bajas del avión en Barcelona, en Madrid o en algún otro vuelo nacional o europeo. Bien, después de esta “flipada” voy a lo que me interesa más… el olor típico etíope, que en la clínica, al ser un sitio más cerrado y de alta concentración de gente, se huele mucho más. Este olor etíope es, y que no suene en ningún mal sentido, como si fuera a animal de granja cerrado, de olor muy concentrada, pero no de cerdo, de un animal no reconocido por mi antes, quizá porque no es a ningún animal, simplemente es como a granja. Pero no solo así, es ese olor que he llamado como a granja sumado a una especia que usan mucho aquí, que es como un tipo de pimentón que tiñe mucho. Este olor se huele en la mayoría de sitios donde hay más acúmulo de gente y poco ventilados. 

No sé si vosotros os podréis llegar a hacer a la idea de ese tipo de olor si no habéis estado aquí antes, y los que sí, decidme si lo he sabido describir bien (así tengo feedback, que me gusta).

Ahora me voy a centrar en los sabores… La comida típica de aquí, normalmente es servida en una bandeja muy grande redonda con la base de una masa de injera (es, salvando distancias, como una gran crep de más grosor y más mullidita hecha con harina de Teff, un cereal etíope del que creo que ya os he hablado anteriormente). La injera (de sabor con un punto ácido) la suelen acompañar de muchas cosas puestas en diferentes esquinas: lentejas estofadas (picantes y sin picante), queso fresco, carne o pescado (depende del tipo que pidas) a veces pueden hacerlo con alguna salsa picante o simplemente cocinado, verduras salteadas condimentadas y en algunas a veces también ensalada. Eso si, normalmente en todo el bayenat (que es como se le llama al “plato” este completo) acaba teniendo el gusto característico de la especia que os comentaba, este tipo de pimentón picante. Además de este pimentón, a todo lo que cocinan le echan karia, que es un tipo de pimiento verde que pica ¡lo que no está escrito!. Yo hasta hace un año no toleraba el picante, ahora un poco lo acepto y si cae un poco de karia bien, pero si tengo que encontrarme constantemente con ella, mal, porque el resto de comida no te sabe a nada, se te queda la boca dormida y sin sensibilidad. 
La comida que comemos a diario en el campamento no es la típica comida etíope, nos cocinan comida especial, que más que nada está basada en la cocina italiana (hay una fundación que hace formación para las mujeres -hacen cursos de cocina, peluquería y costura-): mucha pasta con diferentes cosas: verduras varias, carne, huevo…. También nos traen una vez por semana una pizza enorme (todo hecho por ellas), lentejas guisadas, ensaladas, una especie de crepes, pollo, pescado, huevos revueltos, tortillas de verduras, patatas fritas… Un poco de variedad, vamos, pero internacional, no etíope, aunque le acabas notando el toque etíope con los condimentos (que ya está bien, porque al menos tiene un toque diferencial).

Por último, os voy a contar cómo he estado esta última semana, y se define con una palabra: ¡enferma! Si, podría ahorrármelo, pero lo he pasado tan mal, que merece la pena que lo cuente. Pues bien, desde hace 2 semanas aproximadamente estoy con un catarro importante, pero nada más allá de mocos y tos. El miércoles me empecé a encontrar muy mal, con dolor de todo generalizado, como con fiebre. Terminé con los pacientes por la mañana y me vine a tumbar, pues empezaba a tener fiebre. Desde entonces fue subiendo la temperatura hasta llegar a los 39,1º. A la noche empezó la diarrea, me llegué a levantar tanta veces de la cama… Pasé el día mal (que por suerte aquí era festivo), con diarrea, fiebre y mucho malestar. Pasé mala noche también, pero sin fiebre ya y al día siguiente empezaron los vómitos. Otro día más mal, si levantar mucha cabeza, pero por la noche ya descansé algo mejor. La mañana siguiente, la del sábado ya era más persona, así que con Ainara y Belén, las compis, nos fuimos a  Zeway, que está a unos 30 minutos de aquí a pasar el fin de semana. Poco a poco y después de unos días de ayuno total, fui reintroduciendo la comida según me apetecía y me fui encontrando mejor, no al 100% de fuerzas, pero ya era otra cosa. El fin de semana fue genial, conocimos a gente super maja y interesante y fuimos también a ver hipopótamos en el lago con una barquita (¡una experiencia única y totalmente recomendable!). Desde el lunes ya estoy trabajando normal y me encuentro mucho mejor; ya como de todo y voy recuperando mis rutinas.

Espero otra vez no haberos dado mucho la tabarra y que os guste esta entrada. Ya voy pensando sobre qué os contaré en el siguiente post… si tenéis alguna petición, no dudéis en comentarlo, yo encantada de intentar explicaros mis vivencias.


¡Un abrazo etíope!

No hay comentarios:

Publicar un comentario